VIII - La obediencia caritativa

25. Los hermanos y las hermanas, a ejemplo del Señor, que puso su voluntad en la voluntad del Padre, tengan presente que han renunciado por Dios a su voluntad propia1. Cuando se reúnen en capítulo, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia2 y exhórtense entre sí sobre el modo de observar mejor la Regla que han prometido de seguir fielmente las huellas de nuestro Señor Jesucristo3. No tengan potestad o señorío alguno, sobre todo entre ellos4. Por caridad de espíritu, sírvanse5 y obedézcanse voluntariamente los unos a los otros. Y ésta es la verdadera y santa obediencia de nuestro Señor Jesucristo6.

26. Están obligados a tener siempre a uno como ministro y siervo de la fraternidad, y a él estén obligados firmemente a obedecer7 en todas las cosas que prometieron al Señor guardar y no se oponen a su conciencia y a esta Regla8.
    
27. Los que son ministros y siervos de los otros hermanos visítenlos, amonéstenlos con humildad y caridad, y anímenlos9. Y, dondequiera que se hallaren los hermanos y las hermanas, los que supieren y conocieren que no pueden cumplir la Regla espiritualmente, deben y pueden recurrir a sus ministros. Los ministros, por su parte, acójanlos con caridad y bondad y usen con ellos de una familiaridad tan grande que los hermanos les puedan hablar y tratar como los señores a sus servidores: porque así debe ser, que los ministros sean servidores de todos los hermanos10.

28. Nadie se apropie de servicio alguno, sino que debe dejar el cargo gustosamente cada uno al cumplir el tiempo establecido11.

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1 Adm 3, 6; cf. 2CtaF 10; 2R 10, 2; cf. RsC 10, 2.    
2 Cf. 1R 18, 1; Mt 6, 33.    
3 Test 34.    
4 1R 5, 9.    
5 Cf. Gal 5, 3.    
6 1R 5, 14-15.    
7 Cf. 2R 8, 1; cf. RsC 1, 2.    
8 2R 10, 3; RsC 10, 3.
9 2R 10, 1; cf. RsC 10, 1.    
10 2R 10, 4-6; cf. TestC 19.    
11 Cf. 1R 17, 4.