VII - La vida fraterna

23. Los hermanos y las hermanas ámense entre sí por amor de Dios, como dice el Señor: “Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado”1. Y muestren con las obras el amor que se profesan mutuamente2. Cada uno manifieste confiadamente a los demás su propia necesidad, a fin de ser ayudado y servido por ellos en lo que necesita3. Son bienaventurados los que aman tanto a su hermano cuando se halla enfermo y no puede corresponderles4, como cuando se halla sano y puede corresponderles. Y den gracias al Creador por todo lo que les sucediere y deseen estar tal como el Señor los quiere, sanos o enfermos5.

24. Si aconteciere que surgiera entre ellos, algún motivo de disgusto, ya sea de palabra ya por gestos, enseguida, antes de presentar la ofrenda de su oración al Señor, pídanse perdón humildemente el uno al otro6. Si alguno descuidare gravemente la forma de vida que ha profesado, sea amonestado por el ministro o por los demás que hayan tenido conocimiento de su culpa. Y ellos no lo avergüencen ni hablen mal de él, antes bien usen con él de gran misericordia7. Todos deben guardarse de airarse y alterarse por causa del pecado de alguno, porque la ira y la alteración impiden la caridad en sí y en los demás8.

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1 Jn 15, 12; cf. 1Jn 3, 18.    
2 1R 11, 5-6.    
3 1R 9, 10.    
4 Cf. Adm 24.    
5 1R 10, 3.    
6 Cf. Mt 18, 35; cf. Mt 5, 24.    
7 Cf. CtaM 15; cf. RsC 9, 3-4.    
8 2R 7, 3.