Pedido de la Ayuda a Algersdorf

Nuestro trabajo, a pesar de todo, no fue infructuoso. Después de apenas un año, ya aparecieron, en los niños y también en algunas familias, cambios visibles. Las relaciones familiares se hicieron más humanas. Y para la Asociación se presentaban, cada vez, más niños. El trabajo crecía y los locales escaseaban; se necesitaba cada vez más y más Hermanas para el trabajo. Transitoriamente venían a ayudar a las Hermanas señoritas de la ciudad y jóvenes de bien del campo, atraídas por la familiaridad personal de la M. Margarita. Algunas de estas ayudantes deseaban, sin decirlo, y otras expresándolo, hacerse religiosas; pero no deseaban ira Graz (Algersdorf), sino quedarse en Maribor. Para la escuela, sobre todo faltaban educadoras y maestras, por eso nuestra Superiora, la M. Margarita, pidió maestras a Algersdorf.

Cuando en 1916 vino a Maribor nos contaron las Hermanas a las aspirantes sobre el asunto siguiente, brevemente y sin explicaciones especiales: "Como a causa ;del creciente trabajo de Algersdorf no se consiguieron las Hermanas, la continuación del trabajo en la Asociación resultaba ya imposible".

La Superiora, Hna. Margarita debió hacer conocer esta situación a~presidenta de la Asociación, la condesa Brandys, y ésta al delegad, episcopal de la Asociación, cannónigo Kosar.

La Hna. Margarita pidió con firmeza a la presidenta de la Asociación que decidiera algo, porque, de lo contrario las Hermanas deberían abandonar el trabajo en Maribor y volver a Algersdorf.

Por supuesto que la presidenta y la Diósesis Lavantina no se conformaron con ello. Fue necesario continuar el trabajo que bajo la dirección de las Hermanas se hacía siempre más eficaz. El deseo realizado del difunto Obispo de Maribor, Slomsek, no debía morir.

La señora condesa Brandys comenzó a reflexionar: "A las Hermanas na las vamos a dejar partir de Maribor. Si hasta ahora sabían orientarse en la escuela, sea enseñando costura y manualidades y distintos asuntos de economía doméstica, por qué en el porvenir no encontrarían la ayuda de la Asociación. Y el trabajo continuaría."

Pero la M. Margarita no estaba de acuerdo con esto. Sabía que las ayudantes civiles eran sólo una ayuda provisoria. Dependía de la realización de sus deseos hacerse religiosas, pero no en Algersdorf, sino en Maribor.

La M. Margarita conocía bien las reglas del convento y sabía que tales deseos personales no correspondían a las mismas, y hasta podía ser un impedimento para el ingreso al convento; porque no estaban de acuerdo con el voto de pobreza y de obediencia: "Voy a donde me mandan mis superiores". La salida es una sola: Sin convencer a las superioras de Algersdorf, de dar por lo menos tres Hermanas como ayuda, el trabajo no podría hacerse.

La Hna. Nepomucena Ziggal contaba a la Hna. Gertrudis Neuwrith, en relación con estas circunstancias, que las Hermanas pasaban horas difíciles en estos tiempos. Comenzaron a querer tanto a Maribor como a los niños, que sólo pensar en abandonarios les causaba mucha pena. Sin embargo comprendía que en las circunstancias actuales un trabajo eficaz no era ya más posible. "Nos calmábamos sólo en la oración abandonando confiadamente todo el asunto al Sagrado Corazón de Jesús, quien nos había enseñado justamente a querer a los niños así abandonados y darles todas nuestras energías. Entre nosotras, de este asunto doloroso no hablamos. Se callaba también la presidenta de la Asociación. Sra. Brandys, se callaban los de la Sede Episcopal de Maribor; pero, como se vio pronto, sólo en apariencia. Trabajábamos todos, pero cada cual buscando a su manera la salida de la situación creada. Más lo dominaba todo El, que nos había llamado a este lugar para estos niños, enséñanos a amar justamente a tales y justamente éstos. Confiábamos y creíamos que todo se resolvería de manera como lo realizó la Providencia.