Los Métodos Educativos de la Madre Margarita

La Hermana Superiora, Madre Margarita, nos recuerda a menudo: "No ser demasiado dura con los niños; amonestar lo menos posible con los sermones largo y frecuentes; arreglarnos con los niños en falta "cara a cara"; para reprender no usemos palabras infames y humillantes que, al niño, hieran su amor propio; que el niño nunca oiga de boca de las Hermanas palabras que den lugar a esto. Sobre todo que ninguna se descuide y castigue al niño dándole una paliza o pegándole con la mano. Que la religiosa nunca peque por tal grosería; no debe usar sus manos para castigar a los chicos, sino para bendecirlos. Con tales castigos desilusionaríamos al niño profundamente, y en el alma se arruinaría la confianza y el respeto a las religiosas para siempre. Hay que amonestar al niño de tal manera que sienta que lo queremos y que le deseamos el bien. Que nuestra educación no acentúe sólo las cualidades negativas. La educación debe construirse sobre las cualidades positivas que animan. Todo niño posee, sólo que en la familia, o fuera de ella, a veces nadie las hubiera descubierto y reconocido".

Debemos reconocer también que una buena palabra encuentra un lugar bueno. Y si no tenemos éxito, hay que rezar mucho y con paciencia. Por esta razón introdujo en nuestras oraciones las peticiones por nuestros niños.

La Hna. Nepomucena contó a la Hna. Gertrudis Neuwrith cómo, una noche, antes de acostarse, había mirado dentro de la pieza, donde durante el día se entretenían los chicos. ¿Y qué vió? A la Superiora Madre Margarita de rodillas, en el lugar del niño que causaba a las Hermanas muchas dificultades. Sorprendida por lo visto inesperado, exclamó: "Hermana Superiora ¿qué pasó para estar usted aquí a esta hora insólita? "Con una voz apenas perceptible invitó: "¡Arrodíllese usted, también, para que en este lugar recemos juntas, por este pícaro, nuestro rosario!"

Así que nuestra superiora rezaba por ellos de rodillas. Al contrario, prohibía severamente castigar a los niños con rezos, con la privación de los alimentos, o el tener que pedir perdón de rodillas. Decía que uno se arrodilla delante de Dios, que puede ser, también, delante de los padres, que dieron al niño la vida; pero delante de la Hermana sólo para pedir la bendición. Y concluía: "¡Jesús amaba a los niños, amémoslos nosotras también!".

La Hna. Nepomucena continúa: "En una ocasión la Hna. M. Margarita tuvo una idea especial. Durante el recreo, nos visitó en el aula; luego visitó a los niños durante la clase de manualidades y de costura. Conversaba con los niños de muchas cosas. De paso preguntó si rezaban a veces por sus padres. Recibió las respuestas más desfavorables.

  • “Nunca nadie me dijo que rezara por mis padres".
  • “No rezaré por mis padres porque me pegan y no me quieren".
  • “No tengo mamá, y el papá está poco en casa. Cuando tarde, por la noche, vuelve a casa, nos maldice. Si no nos escondemos, nos pega o echa a la calle. ¡No lo quiero y no rezo por él"!.
  • La cuarta, una niñita, se puso a llorar, se cubrió la cara con las manos y contestó: "Mi mamá se fue de la casa. Buscándola, la encontré acostada con un hombre extraño, en la sombra, bajo los árboles. Corrí hacia ella, llamándola, pidiéndole que volviera a casa; pero me echó gritado y ordenándome desaparecer de su vista".
  • "Con mamá rezamos por papá, que vuelve a casa borracho, nos reta, nos pega, nos echa de casa. Cuando se duerme, volvemos, secamos las lágrimas y rezamos por su conversión; pero todo en vano."


La Hna. Superiora continuaba su amable conversación con los niños, haciéndoles algunas preguntas, como, por ejemplo, si sabían la fecha de onomástico de sus papás, de su cumpleaños. Recibía distintas respuestas. De la celebración de la Navidad y de la Pascua sabían contar que unas buenas señoras les llevaban fruta seca, nueces, bizcochos, y para la Pascua Huevos de Pascua, chorizo y un rico pan.

Una diversión especial para algunos fue la costumbre tradicional del día de los Santos Inocentes, cuando con una bolsa y una varita en la mano molestaban a los habitantes de Maribor, con el dicho tradicional en alemán: "frisch und g'sund, frisch und g'asund, lange Leben, Seksar geben", juntando así varios alimentos y, además, alguna monedita para caramelos. La costumbre se conoce con el nombre "tepezkanje".

Según contaba la Hna. Nepomucena, la Hna. Superiora las llamó para conversar sobre lo que había oído de la boca de los niños, con respecto a sus situaciones familiares. Así comprendían mejor el porqué algunos niños no tenían ganas de estudiar; estaban amargados, y algunos no sabían ni reírse. Continuaba con su reflexión significativa: "Aquí, a esta ciudad de Maribor nos llamó Dios para acoger estos niños abandonados, dándoles protección y educación. La Asociación de las Damas Católicas nos basta, paga algo para esta obra. Es nuestro deber hacer algo por medio de estos niños para sus padres. ¿Y qué?... Algo que uniría a estos hijos con sus padres para vivir, por lo menos, un poco en comunión familiar, y un poco la verdadera infancia. Porque las relaciones familiares tan malas como aquí, en otros lugares apenas existen. Conté esto a la presidenta de la Asociación, Sra. Condesa Brandys, y le pregunté qué hacer. Dejó a nosotras todas las soluciones. Su opinión fue también compartida por el Delegado Apostólico en la Asociación, el Sr. Canónico Kosar. Por eso, queridas Hermanas, tengo un solo deseo: ¡Con la confianza en Dios a Trabajar!. Pero antes arrodillamos pidiendo la ayuda del Espíritu Santo, el Corazón de Jesús y a la Sagrada Familia".

Después de la oración dijo: "Creo que con las palabras, por más lindas y estimulantes que sean estas familias divididas entre padres e hijos, no tendríamos éxito, si no preparamos a los hijos para demostrar a los Progenitores afecto por la atención con algún regalo con motivo del día del onomástico, el cumpleaños y para las fiestas. Puede ser que los hechos estos, o parecidos, ablanden a los mayores, a fin de que en su corazón se encienda una pequeña chispa de amor para los niños."

Porsupuesto que era necesario procurara los niños los regalos, pidiendo limosna a la gente buena de la ciudad, en los negocios, en los talleres de artesanos, y en el campo de los campesinos. Muchas cosas prepararon también los chicos mismos, en la costura y las manualidades, naturalmente, bajo la dirección de las Hermanas y con nuestro material. Antes se tenía que averiguar, por supuesto, dónde la pobreza era máxima para que los regalos llegasen oportunos a su destino. A los niños más pudientes se debe, al contrario, aconsejar en la compra para que ellos lleven también la alegría a sus padres.

Las Hermanas estaban de acuerdo con lo propuesto y comenzaron con el trabajo. En el comienzo no fue fácil. Fue más fácil juntar y preparar los regalos que determinar las necesidades en las familias pobres. Sólo entonces se descubrió la verdadera ruina de la vida, hasta entonces escondida para la vista de muchos; pero se confirmó, también, la justa razón del obrar de la Hermana Margarita, que las Hermanas aceptaron. Al principio no iba todo sin tropiezo. Algunos padres no entendían la atención de sus hijos y rechazaban los regalos y las felicitaciones, porque en su vida miserable no acostumbraban a tener algo parecido. Algunos hasta sospechaban que los niños querían burlarse de ellos y rechazaban todo. Si el hijo, en su timidez preveía algo parecido, tenía miedo de acercarse solo a los padres. Lo acompañó la Hermana, y ella misma, por su parte regaló algo al pobre desconfiado.

Pero en la mayoría de los casos los niños con sus regalos fueron bien recibidos por sus padres, también sus felicitaciones. Estos, con lágrimas en los ojos agradecían, demostrando con un abrazo y un beso.

Las Hermanas y los niños no abandonaron esta acción familiar, sino que la continuaban con mayores esfuerzos. La misma atención fue dirigida también a aquellas niñas quevivían en el colegio. En la vigilia de su santo les ponían para la cena, en la mesa, un florero con flores y regalos, embelleciendo con cantos y felicitaciones su día festivo de mañana.

Las Hermanas contaron que la Hna. Superiora M. Margarita procuraba cuidadosamente que los niños festejaran los domingos y fiestas litúrgicas, según las prescripciones de la Iglesia. Como en el almanaque familiar había además varios santos y fiestas que el hombre esloveno acostumbraba festejar y venerar como intercesores y protectores especiales en distintos asuntos de la vida, había que acordarse también de ellos con una breve oración o canto delante de su imagen o estatua, que había en casa. Le gustaba acompañar este acto con las palabras: "Para que los niños se acostumbren y conserven el sentido de las buenas costumbres en el porvenir."

¡Cuántas lindasfiestas, oraciones y costumbres se conservaron, de esta manera entre nuestro pueblo hasta el día de hoy!

También el año litúrgico fue para nuestra Superiora M. Margarita, muy importante, Tuvimos que tenerlo en cuenta de la misma manera como lo tenían en cuenta, y lo tienen todavía, nuestras honestas familias cristianas.

Fue interesante que a los niños enseñaba a respetar al pueblo y rezar por él. Recomendaba también a las Hermanas que para el pueblo donde estuviesen trabajasen con conciencia, que hablaran de él con respeto, y que conservaran para su patria de origen un amor sincero.

La señorita Betka Zupanec, más tarde Hna. Teresita, rezaba con los niños, en Repnje, diariamente, una oración sencilla, compuesta, como dicen, por la M. Margarita. Decía así: "María se Tú nuestra ama de casa, nuestra protectora y madre, nuestra maestra y educadora, nuestra abogada delante del trono de Dios y protectora de nuestra querida patria. San José, sé tú nuestro tutor, nuestro procurador, protector de nuestra familia, protector de nuestra pureza, nuestra guía espiritual, intercesor para una buena muerte, y patrono de nuestra querida Patria.

Y Tú, querido Jesús, sé nuestro Rey y soberano de nuestros corazones Y de nuestras almas, y rey y soberano de nuestra querida Patria. AMEN."

Como la mayoría de los niños venían de familias desordenadas, más acostumbrados a vagar que a trabajar y estudiar, las Hermanas se esforzaban de todas maneras para atraerlos al bien. Fue necesario formarlos con paciencia en el sentido del arreglo personal, como es: lavarse todos los días, hacerse las trenzas, vestirse con cuidado y (en invierno) calzarse; cuidado de la limpieza del vestido, cambiarse la ropa interior, barrer los locales de la casa, hacer la cama, lavar los platos y cubiertos, hablar y conducta decentes, sin peleas entre ellos, sin riñas y otras mañas de vagabundos. Fue necesario formarlos en el sentido de distinguir entre "lo mío y lo tuyo", lo que hay que poner en el cajón o sobre el estante, enseñarles que en'las esquinas de las piezas no hay lugar para cualquier cachivache, etc.

Estas muchas cosas la Hna. Nepomucena contó sobre los comienzo del trabajo en Maribor. Estos chicos eran, en realidad extremadamente descuidados; no demostraban ningún rastro de costumbres civiles, de estudio, de oración.

Para este "trabajo de peón", como lo llamaba la Hna. Nepomucena, se necesitaba mucha fe en la Providencia de Dios, para ver en estas almas infantiles descuidadas y hasta corrompidas la imagen de Dios, amarlas y ofrecer todas sus energías espirituales y físicas en favor de ellos.